Partners´mix: la relevancia de las buenas compañías.

Es sabido que, a lo largo del tiempo, las empresas se relacionan con diversas entidades y corporaciones de múltiples maneras. Así, se pueden dar fusiones entre empresas, que ofrecen como resultado una nueva entidad. O bien las empresas pueden decantarse por crear una joint venture, que supone la aparición de una tercera compañía, que es dirigida de manera conjunta por los socios que la han puesto en marcha. También existe la opción de establecer alianzas estratégicas, es decir, establecer un acuerdo entre dos o más entidades, que no implica llevar a cabo intercambios accionariales ni el nacimiento de otra entidad.

En todas estas situaciones es preciso recordar aquel refrán; que Miguel de Cervantes, allá por 1615, incluyó en la segunda parte del Quijote; «Dime con quién andas, decirte he quién eres». Así el escritor se hacía eco de un dicho popular que sintetiza con sencillez y con claridad una máxima clave: nuestras relaciones nos definen. Y esto sucede tanto en la vida personal como en la profesional y, también, en la corporativa.

A lo largo de mis años como emprendedor y empresario, he aprendido que una de las tareas más complejas y esenciales es decidir sobre quién permites que se convierta en tu partner corporativo. Porque supone fabricar una decisión estratégica, por supuesto, pero también reputacional. Es preciso aclarar que  no existen fórmulas mágicas para elevar la tasa de aciertos en este sentido, sin embargo, sí es posible, aquí también, establecer filtros de calidad que nos permitan enfocarnos para crear un mix de partners de éxito.

Así, desde mi punto de vista, considero que hay dos elementos principales a valorar a la hora de decidir sobre los compañeros a sumar al viaje empresarial: la confianza y la afinidad en la cultura corporativa.

La confianza, en alguien o en algo, implica que es percibido como íntegro o justo; fiable, que cumple con lo dicho; y que es competente, es decir, que tiene la capacidad de llevar a cabo lo prometido. La confianza tiene una doble vertiente temporal, porque se nutre de la experiencia que hemos tenido con esa realidad. Pero también  está orientada hacia el futuro, porque piensa en aspiraciones y en objetivos esperados.

Por su parte, la afinidad en la cultura corporativa, aunque no es tan determinante como en el caso de la confianza, es una cuestión deseable y que facilita (y mucho) el éxito de la relación entre los partners. Y es que en muchas ocasiones, en el proceso de negociación (de la alianza, de la joint venture, de la fusión…) las conversaciones se centran en aspectos financieros, mientras que las cuestiones de la cultura corporativa quedan relegadas a un segundo o tercer plano, y así no se analiza cómo la gente, las rutinas, el management… de las organizaciones susceptibles de trabajar juntas pueden o no encajar. Y si no encajan se produce un desgaste diario que en algunos casos puede suponer un fracaso ante los stakeholders.

Y es que “la confianza en” y “la afinidad con” son dos conceptos que se erigen como determinantes a la hora de decidir qué entidades o personas sumamos a nuestro mix de partners. Sin ellas no podremos hablar de socios, sino simplemente de acompañantes.

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