El GPS estratégico: cuando el plan tiene menos precisión que un reloj atrasado.
¿Estamos siguiendo el mapa o creando el camino? Lo confieso: Yo también he sido víctima del GPS. Esa voz amable que asegura conocer el camino más rápido y termina llevándome por un sendero que ni en buggy recorrería, bueno… o a lo mejor sí, si hago caso a mi lado más aventurero.

¿Estamos siguiendo el mapa o creando el camino?
Lo confieso: Yo también he sido víctima del GPS. Esa voz amable que asegura conocer el camino más rápido y termina llevándome por un sendero que ni en buggy recorrería, bueno… o a lo mejor sí, si hago caso a mi lado más aventurero. Lo curioso es que muchos líderes empresariales hacen exactamente lo mismo con sus estrategias.
Pero la navegación estratégica sea marítima o "empresarial” siempre ha tenido este dilema, hace siglos navegar cada día y noche para poder llegar al destino estratégico implicaba mantener un rumbo no solamente prestando atención al norte de compás, sino también al norte magnético y al norte geográfico para así poder corregir errores conscientes e inconscientes y poder llegar al destino deseado.
Los pecados de navegación en el mundo empresarial han de ser conscientes para asegurarnos que no nos apartamos de ese destino deseado.
Vivimos en un mundo que cambia más rápido que las actualizaciones del iPhone, pero algunas empresas insisten en aferrarse a planes estratégicos tan rígidos que parecen cincelados en piedra.
Liderar así es como conducir mirando el GPS sin levantar nunca la vista del camino: tarde o temprano, te estrellas.
En política, por ejemplo, desafortunadamente abundan casos de líderes que se empeñan en mantener un rumbo predefinido, ignorando señales claras de cambio económico y social hasta que se enfrentan a una pared y entonces es demasiado tarde para provocar un giro táctico que salve la estrategia.
¿Y en las empresas? Muchas siguen enamoradas de planes estratégicos escritos hace tres o cinco años, a gusto del consumidor, sin notar que ahora son tan útiles como un mapa turístico del Imperio Romano a no ser que se mantengan como un documento vivo que se va nutriendo de inteligencia externa e interna a tiempo real y adaptando para lograr llegar al destino estratégico. Es decir, utilizando el símil de navegación marítima, no solamente prestando atención al norte de compás sino también a los nortes magnético y geográfico.
La realidad es que vivimos en una era donde lo único seguro es que todo cambiará mañana. Hoy más que nunca, necesitamos líderes capaces de improvisar, cuestionar y ajustar la ruta en tiempo real.
Por lo tanto es hora de dejar el GPS en el bolsillo y recuperar la brújula interna. Porque si algo he aprendido en todos estos años, es que el camino más seguro es, irónicamente, el que vamos improvisando con inteligencia sobre la marcha pero teniendo claro cuál es nuestro propósito y objetivo final.
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Si te gusta el pensamiento estratégico sin la rigidez de los manuales corporativos, si crees que el liderazgo necesita más agilidad y menos frases motivacionales de taza de café, si estás harto de reflexiones que tienen la profundidad de un charco y si disfrutas de un buen símil inesperado… entonces nos vemos aquí la próxima semana.



