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A la sombra de la tragedia: una reflexión sobre propósito de vida y liderazgo

Liderar desde el alma y al servicio de lo que realmente importa Este pasado miércoles decidí darme unos días adicionales para escribir la entrega prometida cada miércoles para este newsletter, por lo tanto, os pido disculpas que está llegando con unos días de retraso. El motivo es que decidí que ten

Liderar desde el alma y al servicio de lo que realmente importa

Este pasado miércoles decidí darme unos días adicionales para escribir la entrega prometida cada miércoles para este newsletter, por lo tanto, os pido disculpas que está llegando con unos días de retraso.

El motivo es que decidí que tenía que escribir sobre algo distinto al tema elegido inicialmente para mi programación editorial.  La causa de esto ha sido la reciente tragedia del derrumbe de Jet Set, una sala de conciertos, en Santo Domingo, República Dominicana.  El derrumbe de ese edificio, en el que más de 220 vidas se apagaron en un instante, me abrieron heridas profundas de un dolor que desafortunadamente reconocía.

Habiendo vivido el 11 de septiembre de 2001 en Washington D.C. y el 11 de marzo de 2004 en Madrid, por desgracia me permitió comprender de muy cerca que el dolor no discrimina. En aquellas dos ocasiones residía en cada una de esas dos ciudades, perdí amigos, clientes, conocidos, colaboradores o vecinos; la angustia se sintió en cada rincón de mi ser.  La impotencia ante un acto del cual nadie tuvo control más allá de los bárbaros que planificaron ambos atentados terroristas.

Ahora, frente a esta tercera tragedia, siendo de nuevo algo fuera de control, aunque por otras causas (posiblemente en el ámbito de negligencia de terceros), he sentido como la angustia y la impotencia resurgía con una fuerza renovada, recordándome lo efímera que es la vida.  Demostrándome como esta tragedia se llevaba a unos amigos muy queridos y de nuevo me dejaba aturdido, sacudido, lleno de incredulidad y deseando despertar de una pesadilla.

Y he aquí que quise darme un par de días para escribir algo distinto para este newsletter.  Permitirme el canalizar por lo menos un poco el dolor reciente en una ciudad donde cada rostro es familiar y en un país al que amo.  Esto me ha empujado a una reflexión íntima sobre la fragilidad de la existencia y el sentido de nuestras acciones, tanto en lo personal como en el ámbito profesional.

Esta tragedia, en la que el destino golpea sin previo aviso, nos debe instar a reconsiderar nuestras prioridades y a preguntarnos: ¿Qué valoramos realmente? La respuesta, en el fondo, se reduce a un pilar fundamental: lo que queremos priorizar en la vida. 

Cualquier tragedia, incluyendo esta, nos enseña que la fragilidad humana es un hecho ineludible, pero también nos muestra que la resiliencia, esa fuerza interior que nos impulsa a levantarnos, reside en la forma en que elegimos vivir y trabajar. Las cicatrices de los momentos más oscuros pueden, paradójicamente, ser la fuente de una profunda transformación. Así como en la adversidad se revela el verdadero carácter de quienes nos rodean, en el ámbito tanto personal como laboral también es cuando se ponen a prueba nuestros valores y principios. El aprendizaje real de liderazgo que nos debemos llevar es que tenemos que estar dispuestos a ser transparentes, a mostrar vulnerabilidad y a reconocer que el éxito sostenible se construye sobre cimientos humanos, no solo económicos.

El liderazgo, en su forma más auténtica, no se mide solo por resultados o cifras, sino por la capacidad de tocar vidas, de generar espacios de apoyo en momentos de crisis y de transformar el sufrimiento en acciones que promuevan el bienestar colectivo. 

Y debemos llevarnos estos aprendizajes a nuestro entorno profesional y no solo el personal, sí, por supuesto que sí.  De hecho, una organización que se olvida de esto, corriendo únicamente tras metas numéricas, está condenada a perder lo que realmente da sentido a su existencia: a las personas. ¿Cómo podemos esperar que nuestros colaboradores rindan al máximo si en su vida personal el dolor y la incertidumbre se hacen presentes? En un entorno corporativo, donde la toma de decisiones estratégicas y la gestión de equipos son moneda corriente, también debemos mirar dentro de nosotros y reconocer la importancia de equilibrar el éxito empresarial con la empatía y la solidaridad.

Hoy, en República Dominicana y principalmente en Santo Domingo, muchas familias que perdieron a sus seres queridos y muchos de nosotros que perdimos a nuestros amigos, nos encontramos en el epicentro de una tormenta de emociones, es crucial recordar que cada pérdida, cada recuerdo doloroso, porta consigo una enseñanza vital.

Es una invitación a reconstruir, a rediseñar nuestras estrategias de vida, poniendo siempre a las personas en el centro de nuestras decisiones. La tragedia es un espejo en el que se reflejan nuestras imperfecciones y, al mismo tiempo, una oportunidad para reinventar los lazos que nos unen, tanto en el ámbito personal como en el profesional.

El reto que nos presentan estos acontecimientos es claro: transformar el dolor en una energía constructiva, aprendiendo a equilibrar la ambición sea personal o profesional con la empatía humana. En este cruce de caminos, cada acción consciente y solidaria puede marcar la diferencia, recordándonos que el valor de un proyecto personal o de uno empresarial se mide en el bienestar de su gente y en la calidad de las relaciones humanas que se forjan a lo largo del camino.

Hoy, más que nunca, es el momento de liderar con el ejemplo y de permitir que el sufrimiento nos impulse a ser mejores personas y, como empresarios y profesionales, a construir organizaciones que no solo apunten al éxito económico, sino a la creación de comunidades más humanas, resilientes y compasivas.

Queridos amigos, sé que Dios os ha recibido con los brazos abiertos. Espero que, desde ese lugar tan sublime, podáis sentir el consuelo de cada recuerdo y la cercanía de quienes os amamos. Vuestra partida deja un vacío que solo la fe, por lo menos en mi caso, puede sanar, y confío en que el abrazo de Dios os envuelve ahora en un descanso pleno y eterno.

Publicado originalmente en LinkedIn

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